Imagina: vuelves a casa después de un día agotador y tu mirada se posa en un jarrón de bordes irregulares, colocado sobre una mesita de madera. No es perfecto, pero es precisamente esta «imperfección» lo que te hace relajarte. Esto no es una coincidencia. Es el arte de la imperfección, que en 2026 se convierte no solo en una tendencia, sino en una verdadera herramienta terapéutica para nuestro cerebro sobrecargado.